Por qué la transparencia, la sostenibilidad y la participación ciudadana son claves para los grandes proyectos del Perú

Durante muchos años, la evaluación de los grandes proyectos de inversión en el Perú giró en torno a dos preguntas fundamentales: ¿cuánto costará? y ¿cuánto tiempo tomará construirlo? Si una carretera, un puerto, una central eléctrica o un proyecto minero se mantenía dentro del presupuesto y avanzaba de acuerdo con el cronograma, generalmente se consideraba un éxito.

Hoy, sin embargo, esa conversación ha evolucionado. En un momento en el que el desarrollo del Perú depende de proyectos que generen valor a largo plazo, el verdadero desafío ya no se limita a asegurar el financiamiento o la capacidad técnica. Se trata de garantizar que cada proyecto se construya sobre una base sólida de confianza ciudadana.

La inversión privada en sectores estratégicos desempeña un papel fundamental para impulsar el crecimiento económico, generar empleo y ampliar el acceso a servicios públicos esenciales como transporte, agua y energía. Sin embargo, el éxito de proyectos de esta magnitud depende de mucho más que la experiencia técnica. Un proyecto puede contar con financiamiento asegurado y un sólido respaldo económico y, aun así, retrasarse o paralizarse debido a conflictos sociales o a la falta de confianza de la ciudadanía. La diferencia entre un proyecto que avanza y uno que se estanca suele radicar en la calidad de la relación construida con las comunidades a las que afecta.

La confianza como base para el desarrollo

La confianza no surge de la noche a la mañana: se construye gradualmente a través de acciones y decisiones consistentes. Esto resulta especialmente cierto en los grandes proyectos de inversión en sectores estratégicos, donde es esencial que los actores del sector privado establezcan mecanismos de diálogo participativo desde las primeras etapas, permitiendo que las comunidades expresen sus preocupaciones y reciban respuestas claras y oportunas.

Cuando las comunidades comprenden cómo funcionará un proyecto, están informadas sobre sus posibles impactos y tienen acceso a espacios abiertos y seguros para el diálogo, resulta mucho más sencillo construir relaciones duraderas. Los problemas aparecen cuando ocurre lo contrario: cuando la información llega demasiado tarde o las decisiones parecen tomarse sin una participación significativa de la ciudadanía. En esas circunstancias, crece la incertidumbre y esta suele derivar en conflictos.

Por ello, la transparencia, la sostenibilidad y la participación ciudadana no son consideraciones secundarias: son la base para garantizar que cualquier iniciativa de inversión siga siendo viable a largo plazo.

Un contexto que exige mayor transparencia

El Perú continúa enfrentando importantes desafíos relacionados con la confianza institucional. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional, el país obtuvo apenas 30 puntos sobre 100 y se ubicó en el puesto 130 de los 182 países evaluados. Las percepciones de la ciudadanía sobre las instituciones gubernamentales suelen trasladarse también hacia el sector privado, generando con frecuencia escepticismo frente a nuevos proyectos de inversión que llegan a las comunidades locales.

Los datos de la Defensoría del Pueblo ilustran aún más este escenario. Según su reporte mensual más reciente, se registraron 195 conflictos sociales a nivel nacional, de los cuales 153 se encontraban activos y los restantes eran considerados latentes. Más de la mitad de los casos activos eran de carácter socioambiental, y la minería era el principal factor dentro de esta categoría.

En este contexto, crear espacios de diálogo genuinos y debidamente informados se convierte en una de las herramientas más efectivas para prevenir y reducir los conflictos.

Aunque cada caso tiene circunstancias particulares, la mayoría comparte una causa subyacente: la ausencia de un diálogo preventivo significativo antes de que se tomen decisiones clave.

El proyecto minero Tía María, en Arequipa, constituye un ejemplo revelador. Más de dos décadas después del inicio de las exploraciones en la década de 1990, y pese a que se realizaron talleres de consulta previa con las comunidades locales desde 2007, el proyecto volvió a enfrentar conflictos en repetidas ocasiones a medida que se modificaban sus estudios ambientales y su diseño, hasta recibir finalmente una licencia de construcción en 2019.

La lección no es que el diálogo nunca haya ocurrido; sino que no se sostuvo en el tiempo y, cada vez que el proyecto cambiaba, la confianza tenía que reconstruirse prácticamente desde cero.

Lo que espera la ciudadanía

A pesar de estos desafíos, la opinión pública demuestra que los peruanos no se oponen a la inversión ni al desarrollo. Según un estudio nacional realizado por la iniciativa Saber para Crecer, ocho de cada diez peruanos consideran que la inversión contribuye al crecimiento económico del país y reconocen que los proyectos de infraestructura generan oportunidades de empleo. El respaldo ciudadano al desarrollo sigue siendo sólido.

Lo que sí ha cambiado son las expectativas de las personas respecto a cómo deben llevarse a cabo estos proyectos. Según el estudio nacional de SPC, cerca del 80% de los peruanos considera que las empresas deberían estar obligadas a divulgar periódicamente información sobre sus impactos ambientales, mientras que siete de cada diez esperan que las empresas expliquen públicamente de qué manera sus proyectos beneficiarán a las comunidades donde operan.

En otras palabras, los ciudadanos no buscan bloquear la inversión: quieren entender cómo se implementarán los proyectos y cuáles serán sus impactos.

La experiencia también demuestra que, en última instancia, el respaldo ciudadano no está determinado únicamente por las estadísticas nacionales, sino por la confianza que se construye con las comunidades que viven dentro del área de influencia directa de un proyecto.

Convertir la confianza en acciones concretas

Nada de esto requiere reinventar la manera en que se desarrollan los proyectos. Simplemente requiere incorporar la construcción de confianza desde etapas más tempranas y tratarla como una práctica permanente, en lugar de una consulta realizada una sola vez.

Hay tres aspectos clave que, de manera consistente, diferencian a los proyectos que avanzan de aquellos que se estancan:

  • Involucrar a las comunidades antes de finalizar el diseño: Los aportes de la comunidad tienen mayor peso antes de que se finalice un estudio de impacto ambiental o se defina el alcance del proyecto. Cuando estos aportes llegan después, realizar cambios puede resultar más costoso y estos pueden ser percibidos como concesiones, en lugar de como acciones de buena fe.
  • Hacer de la información una práctica habitual, no reactiva: Las actualizaciones periódicas, en un lenguaje sencillo, sobre el desempeño ambiental y el estado del proyecto, difundidas bajo un cronograma compartido y predecible, contribuyen mucho más a construir confianza que un único anuncio o una respuesta ante una crisis.
  • Dar a las preocupaciones un canal visible y oportuno: Las comunidades necesitan comprobar que una pregunta o reclamo llega efectivamente a una persona responsable y recibe una respuesta, y no simplemente que existe una línea telefónica u oficina en el papel.

Esto refleja el núcleo del propio trabajo de Saber para Crecer: involucrar a las comunidades junto con estudiantes universitarios —la próxima generación de líderes del Perú— en un diálogo activo en torno a investigaciones y herramientas que permitan poner estas prácticas en acción, en lugar de limitarse a iniciativas aisladas.

El camino a seguir

El Perú tiene una clara oportunidad por delante: mejorar la calidad de vida de millones de personas mientras promueve el desarrollo sostenible de sus regiones. Alcanzar este objetivo requiere transformar la inversión en proyectos tangibles que generen beneficios reales. Sin embargo, garantizar que los proyectos lleguen a completarse requiere más que financiamiento adecuado y experiencia técnica: requiere construir confianza con las comunidades desde el inicio.

La transparencia, el cuidado del medio ambiente y el diálogo abierto con la ciudadanía no son obstáculos para el crecimiento económico. Por el contrario, son herramientas esenciales para prevenir conflictos, generar resultados positivos para las comunidades y garantizar que el desarrollo del Perú sea sostenible e inclusivo.

La participación ciudadana comienza contigo. Explora los resultados por ti mismo y descubre cómo la inversión, el medio ambiente y la confianza están afectando a tu región.

Sobre Saber para Crecer

Saber para Crecer es una iniciativa de información y sensibilización que busca fortalecer la transparencia, la sostenibilidad y la participación ciudadana en los principales sectores productivos del Perú, a través de datos accesibles, comunicación clara y espacios de diálogo. La iniciativa promueve una participación cívica informada y una gestión responsable en todo el país. Más información en saberparacrecer.org.

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